El Galeón 2ª parte

Bajel pirata que llamanPor su bravura el temidoEn todo el mar conocidoDel uno al otro confín

Nuestra guia siempre pensó que formaba parte de la trama, y era lógico. Te transportaba a aquellos tiempos tan lejanos en los que los galeones tenían fama de recluir a gente que, en los bajos del navío, remaban y remaban sin descanso noche y día. A mi me gusta soñar despierto y ya me veía con un ojo tapado por un parche después de una batalla.

La luna en el mar rielaY en la lona gime el vientoY alza en blando movimientoOlas de plata y azul

Y ve el capitán pirataCantando alegre en la popaAsia a un lado, al otro EuropaY allá a su frente Estambul
Navega velero míoSin temor que ni enemigo navíoNi tormenta ni bonanzaTu rumbo a torcer alcanzaNi a sujetar tu valor
Veinte presas hemos hechoA despecho del inglésY han rendido sus pendonesCien naciones a mis pies

 

Cierto es que continuamos con la visita, asombrados por cada rincón que nos enseñaban.  Bajamos por unas escaleras que no llevarían a la zona donde se tomaban un descanso y comía toda la tripulación. De pronto, miré hacia un bulto de paja y un ratón me hacía señales para que le siguiera. Disimulé mi escaramuza por detrás de un panel explicativo y bajé de nuevo a través de una portezuela que estaba abierta a ras de suelo. En el camino se unieron varios ratones y, después de un trozo de paso completamente a oscuras, una ráfaga de aire me proporcionó el olor más nauseabundo que jamás haya percibido. Prendieron una vela y caí al suelo de lo que pude ver. Cadáveres amontonados en medio de un pasillo.

—¿Pero qué significa esto? le pregunté al ratón.

—Esto es lo que no os enseñan en la visita guiada. Todo es una farsa. Están intentando reclutar a remeros en cada población a la que llegan. Les tienen trabajando día y noche sin pan y sin agua. Acaban extasiados y mueren. Los dejan amontonados en el pasillo para que los nuevos marineros ocupen sus puestos, y cuando llegan a altamar los echan al mar.

—¿Y eso está ocurriendo aquí y ahora?

—¿Has oído que van a regalar un paseo en el galeón, uno para mujeres y otro para hombres?

—Sí, y estaban todos muy contentos

—Pues con eso te lo digo todo.

Me quedé con los ojos abiertos lo que daba de sí el párpado. Salí hecho una furia gritándole a todo el mundo que saliera rápido del galeón, que era una trampa, que moriríamos a merced de las ballenas en alta mar. Tropecé con una maroma y me desmayé.

Noté que alguien me zarandeaba

—¡Julio!¡Julio!

—¿Qué pasa? ¿Nos van a tirar al mar?¡Socorro,socorro!

—¿Pero qué dices de mar? ¿ y que hablabas con ratones? ¡Venga levanta que voy a tomarte la temperatura! Te dije que te llevaras una gorra para la excursión esa del galeón y mira la nochecita que nos has dado a tu padre y a mí. Insolación es lo que has cogido ¡No me vengas más con salidas tan raras que luego te provocan pesadillas por las noches!

 

 

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