Sí, he dicho ángeles. 

De los que no llevan alas pegadas a la espalda. De los que no aparecen o desaparecen según el suspiro o la creencia que se tenga. Ángeles que no necesariamente se encuentren enmarcados en  cualquier religión que se precie,en el caso de l+s creyentes; y ángeles de los otros…- ponga a funcionar su imaginación

Es muy común utilizar el término «ángel»  – totalmente asexuado-, etimológicamente hablando, para juzgar a aquella persona que se cruza en tu camino en un momento de verdadera necesidad. Aparecen y desaparecen de tu vida quedando fijado ese «engage» que dicen los angloparlantes y que nosotros llamamos compromiso. Queda de por sí un vínculo que, con el paso del tiempo no recuerdas cómo empezó o cómo desapareció de tu existencia

 Y lo bueno de todo es que esos «ángeles» tienen nombre propio. Te los puedes encontrar al subir a un autobús, en el comercio local, cuando esperas  que el semáforo te ceda el paso o, tal vez  te espere a la vuelta de la esquina. Sólo tienes que mantener los ojos abiertos.

Y si no, pues en otro momento estarás preparado para descubrirlos

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