Desconcertante día

Deseé abrir los ojos, como cada día, a un nuevo amanecer. Este era uno misterioso y calimoso.

          Vivir en el norte de España te acostumbra a las mañanas apagadas, húmedas. Lloviznas inesperadas. Nada que te impida llevar a cabo tus rutinas.

          Noté que mi paseo tenía algo de extraño. Lo sentía. No sabría describirlo con palabras, pero mi cuerpo se debatía en un monólogo interno: extrañeza, inquietud, temblores fríos, al momento calor. Mi corazón se aceleraba con el paso firme de siempre, pero algo lo descompasaba. La música de sus latidos era inquietante. Me di cuenta de que andar descalza me proporcionaba una libertad hermosa. Pisaba lodazales, piedras calizas y al fin arena. La suavidad de las diminutas conchas llegadas a la orilla, me hacían cosquillas en la planta de los pies. No las sentía molestas como en otras ocasiones.

          Fue como el pasar la página de un libro de aventuras: del frescor al abrigo de frondosos y añejos árboles, a la brisa marina. Vislumbraba el horizonte al mismo tiempo que despuntaba el alba.

      Siempre me gustó madrugar por el mero hecho de sentir el placer por vivir esos efímeros instantes de forma introspectiva. Los que inundan todo mi ser envolviendo el corazón y el alma. Esa energía que te proporcionaba vida hasta vencerte el sueño y que, de nuevo, abría los ojos al día siguiente.

          El sentir gratitud y contacto con la naturaleza hasta ser paralizados por el llanto de un niño huyendo hacia la nada de una guerra estéril, ¡De tantas guerras en las que solo somos un número de muertos o de supervivientes!

          Sus ojos, perdidos en la desesperación y buscando un cobijo inexistente. Hambriento de pan y de amor; donde su único error ha sido nacer en un lugar del planeta equivocado. ¡Es solo un niño! ¡Cuánta pena acumulada en un cuerpo tan pequeño!

          Cerré los ojos. Pensé en el contraste que suponía vivir en un bello lugar mientras existen seres humanos a los que les falta de TODO, menos su integridad.

¿Qué nombre tiene esa injusticia?

¿Qué ojos invisibilizan tanto dolor existente?

¿Acaso hay categorías de seres humanos?

¡Reflexionemos y actuemos!

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