El sombrero

Me miras con esa mueca serena tuya, impaciente por contarme lo que estás viviendo.

Descubro una carcajada detrás de esa sonrisa confiada y serena que has puesto para fotografiarte, y porque piensas que yo también merezco reír un rato.

Tal vez quien te hizo el retrato, sin conocerte, pensara que se trata de un trabajo más. Nada de eso. La decisión de inmortalizar tu rostro en este momento, en una imagen, las dos sabemos su significado. Su historia. El porqué.

¡Qué ganas tengo de reír juntas como antaño! Hemos llorado mucho y nos hace falta volver a recordarlo.

Te conozco y tu vida debe haber dado un giro muy grande. Muy Bonito. De lo contrario no te hubieras puesto el gorro que llevas.

Cuando lo compramos dijimos que lo usaríamos en un momento especial de nuestra vida.
Estoy recordando que hace apenas un año hablábamos de cambiar el rumbo de nuestra existencia. Deseo con ansia que me cuentes tus andanzas.

 Te veo feliz. Tranquila. En tu presente. Estoy ilusionada por tomar un té contigo. Tal vez tus ojos ya me lo están contando. No sé.

Dejar atrás a gente, trabajo, comodidades, en fin, todo lo material que cuando somos jóvenes pensamos que es nuestro único objetivo en la vida; pero no sabemos lo equivocados que estamos.

Cada etapa de nuestra vida nos marca un sentido. Unas decisiones validadas para ese momento y no tan importantes para otros.

Cuando nos veamos hablaremos de todo. Mientras tanto contaré los minutos que faltan para encontrarnos bajo ese halo especial que construyen las almas amigas.

No te sorprenderá que también lleve el gorro puesto. Acordamos que sería nuestra forma de gritarle al mundo que nos lo ponemos por montera. Que hemos decidido abrir las alas de nuestros sueños sin importarnos lo que piensen de nosotras. Así fue nuestro juramento y, por fin, hemos abierto los ojos a Nuestro Mundo.

 

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