Elsa

Tal vez hoy sería el momento de descubrir qué ocurriría si truncara el círculo del sueño.  Iba a ser ella quien provocara el cambio tan temido y tan deseado. No tenía más alternativa que superar a los personajes que se habían instalado plácidamente en sus noches de largas lunas.

Anduvo lentamente arrastrando la nebulosa que la envolvía como personaje onírico principal. Se sorprendió de no tener miedo. Era una sensación extraña.  Casi se sentía liviana.  Empezó a darse cuenta de que la curiosidad era más fuerte que los miedos ocultos en su cabeza o en su adormecimiento nocturno durante tanto tiempo. Ello le impulsó a seguir caminando con firmeza. Al frente, siempre al frente.

 Se percató  de que en breves instantes iba a despertar y se reafirmó en no revelar en el sueño al hombre dormido.  No. Era mejor observarlo. Imitar su respiración de forma acompasada para ganar tiempo mientras decidía devolverle o no los personajes que a ella no le pertenecían.

 Lo más inmediato fue la construcción de un vínculo simbiótico entre el hombre dormido camino de despertar ante un nuevo amanecer y Elsa. Envuelta   en ese sueño que había violado y que estaba decidida a no devolver a su dueño.  Pensó que nadie era dueño de su imaginación o de esa realidad en la que se sentía tan feliz y tan extraña. Fueron los propios personajes quienes le pidieron que los llevara lejos. Querían explorar otras cabezas. Vivir también una libertad intuida, porque llevaban mucho tiempo tratando de abrirles las puertas.

Todos los personajes miraban estupefactos a Elsa.  No sabían si alejarse o quedarse con ella.  Estaban en terreno de nadie. Se sintieron huérfanos en su mundo etéreo.

Se detuvo el tiempo.

Historias por continuar y caminos por andar con la sonrisa que permite ser un personaje de los sueños. Casi sus esperanzas se vieron truncadas esa misma noche…, o tal vez habitaron otros mundos.

 

Desconocemos el final de esta onírica historia interceptada, ni en qué otras cabezas morarían los personajes en las Lunas venideras.

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