Suegras

¡Suegras!  Esas personas indefensas que tratan de aceptar a sus nueras y yernos con un amor  menos incondicional que a sus hijos —que por eso los parió y los ha criado mejor que nadie.

Suegras. Que, según el énfasis que  pongas al nombrarlas,  proyectas un sentimiento casi indescriptible mezcla de amor-odio cuyo orden de dichas palabras tiene un peso descompensado y tú lector o lectora, ya sabes cuál borrarías del texto.

Suegras. Que, con todo su cariño, te invitan a comer todos y cada uno de los domingos del año a la misma paella de pollo. Antes podía ser de pescado o conejo con garbanzos e incluso al horno, pero ahora la economía familiar no se lo permite. Y si no vas incurres en una falta grave. Desprecias su esfuerzo para mantener la familia unida. Y tú, yerno o nuera, lo único que ves es la soga con la que no deja escapar a su hijo o hija de sus garras.

Parece que esté combatiendo en un cuadrilátero de boxeo porque vosotros sois de fuera y os vais a llevar a la criatura  de sus entrañas. ¡Que a saber lo que estarás contando de ella! Porque lo puede adivinar a través de tus ojos.

Sí. Tu suegra tiene rayos láser que se activan y te atraviesan cada vez que te tiene al frente. Y no le pongas mala cara porque se lo contará a tu marido, o a tu mujer. No discutas porque la batalla, de momento, la va ganando por goleada.

Hay un proverbio de origen chino que dice «Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadáver de tu enemigo pasar», también lo podemos encontrar en la forma «Siéntate pacientemente junto al río y verás el cadáver de tu enemigo flotando». A ver, esto es solo un proverbio. Oculta esas risitas que aparecen en la comisura de tus labios, porque igual eres ya suegra o lo vas a ser en breve. Sé que estás pensando que a ti no te va a pasar. Que el matrimonio casa quiere y vas a respetar su intimidad. Que es su vida y bla, bla, bla. ¡Todas dicen lo mismo! Pero que conste que lo hacen con la mejor intención. Y lo que ocurre es que no las entendemos —nunca.

Y, a todo esto, ¿los suegros? Casualmente nunca están presente en los conflictos. Les tendremos que preguntar.

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