
No recuerdo, en mis cincuenta y muchos años, tantos días de viento seguidos. Una situación diferente a la que no estoy acostumbrado; una sensación molesta sufrirlo día tras día sin tregua, pero no queda otra que aceptarlo con resignación.
Pensando en eso me viene a la mente, sin motivo alguno, como empezamos en el Club Santa Lucía el proyecto “Arco y Salud”, una actividad deportiva totalmente nueva para nosotros. Sin experiencia, fue como un salto sin red, sin saber si iba a funcionar o acabaría en fracaso. Trabajar con mujeres que han padecido cáncer de mama daba un poco de vértigo por la situación delicada que podían tener en cuanto a salud se refiere. Teníamos que unir ejercicio físico, deporte, salud mental y diversión en una única actividad y todo ello con la cautela de no ejercer excesiva presión para evitar lesiones, todo un reto.
Voy caminando y pensando en todo esto y el viento me empuja en todas direcciones, tengo poca paciencia y me resulta muy molesto, ¿Por dónde iba? Ah sí, algunas de las preguntas que nos planteábamos eran ¿Sirve de verdad el tiro con arco como terapia para este tipo de enfermedad? ¿Debemos meternos en este “fregao”? ¿Vale la pena para ellas? ¿Nos compensa el esfuerzo que vamos a realizar? Lo que estaba claro es que, la única forma de obtener respuestas era metiéndonos de lleno en el proyecto. A partir de ahí las respuestas vinieron, sin necesidad de buscarlas.
¿Sirve el tiro con arco para mejorar la calidad de vida de este colectivo? Sin dudarlo, rotundamente y a todos los niveles. ¿Debemos meternos en este “fregao”? Por supuesto, y aquí se genera una nueva pregunta; ¿Por qué? Pues simplemente porque podemos hacerlo, porque nos sentimos obligados moralmente a ayudar a otras personas a que su vida sea un poquito mejor, o al menos a intentarlo. ¿Nos compensa el esfuerzo? Sin ninguna duda. No solo damos, posiblemente recibimos más de lo que aportamos, en cariño, risas y buenos ratos. También en lección de vida y fortaleza. Recibimos más que ofrecemos así que es un buen negocio.
Dichoso viento, me entra por todas partes y me deja helado, en fin, ya parará de soplar algún día. Me faltaba contestarme a mí mismo la que quizá fuese la pregunta más importante, ¿Vale la pena para ellas? Contestar a esta pregunta me ha llevado más tiempo. A nivel físico es indudable la mejoría con el tiro con arco: el desarrollo de la musculatura y la propiocepción corporal. A nivel deportivo, el poder recuperar o integrar a estas mujeres en competición ha sido todo un acierto, la competitividad es un factor positivo y la parte mental también es importante ya que durante la práctica deportiva necesitan estar concentradas en la actividad, el acierto o el fallo solo depende de ellas mismas, dando carácter y decisión en cada flecha lanzada. Por último, la parte lúdica, no menos importante; se confirma solo con ver el buen ambiente creado, escuchar las risas con los resultados en la diana y ver que el tiempo dedicado se les queda corto.
Sí, vale la pena, vale muchísimo la pena. Pero sin duda lo mejor sería preguntarles a ellas.
Y mientras voy divagando y quedándome congelado por el aire frio, sonrío y pienso que yo me tenía por alguien mentalmente fuerte hasta que conocí a este grupo de mujeres, fuertes de verdad, unas por naturaleza y otras por necesidad y lo único que puedo sentir es humildad y respeto ante ellas.
El viento sigue soplando fuerte, no puedo hacer nada por evitarlo así que, quizás, lo mejor será dejar de pelear contra él, disfrutar del frio en la cara y balancearme a su favor.
Desde el equipo de administración de esta web agradecemos profundamente la colaboración de Luis Miguel del Olmo por compartir su texto, presentado a la VIII Edición del concurso de relatos de SOLC «Tu historia nos da vida» (Asociación Comarcal de Ayuda en el Tratamiento del Cáncer) anualidad de 2026, en el que ha quedado finalista.



